Titi bubu

Unidad intensa, exploración telepática. El amor aflora como una montaña rugosa, coronada por cumbres que evocan senos celestiales. Nuestro amor no conoce la interferencia de la ausencia. Somos ciclos que se repiten, como la luna y la estrella reflejada en un suelo de sangre. Así como en el cielo se hunde Turquía, así como la estrella se alza sobre el firmamento, como la sonrisa ladeada del gato, aprendemos a contemplar la vida con ojos inamovibles, capaces de percibir la realidad de la dualidad: lo visible y lo invisible, sincronizados por la mística, la alquimia y la transmutación.

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